Extrema autoridad del agua
(2017-2024)

En 2024 se me estropeó el disco duro donde guardaba cientos de horas de grabación de video. Llevaba más o menos siete años construyendo pequeñas piezas audiovisuales con técnicas experimentales de montaje, etalonaje o diseño sonoro. Por desgracia, sólo conservé algunos fotogramas de las obras, archivados en paralelo en una carpeta de Google Drive.

Ahora bien, ¿cómo eran aquellos videos? Cuando grababa, ninguna de las personas que aparecía posaba ante la cámara, sino que captaba en la distancia una escena en la que yo siempre pasaba desapercibido. Lo que ocurría cerca de mí era irrelevante; sólo aquello que estuviera en la lejanía se me mostraba como valioso: la imagen comenzaba a desenfocarse y el grano a vibrar; los encuadres adquirían una composición más atractiva a riesgo –consciente, por otro lado– de su paulatina indefinición; miraba sin que me vieran. Fui el detective que creó su propio crimen que resolver.

Estas imágenes son el único testimonio de una gran pérdida personal -en esencia, perder el trabajo, el tiempo y la memoria-. Todo lo demás ha desaparecido para siempre de este mundo. Aun así, la incapacidad para dotar de un sentido a las narraciones originales puede, sin embargo, señalar el verdadero destino del viaje.